Tengo que reconocerlo, llegué a odiar "The Big Bang Theory" tras ver sus tres primeros capítulos. Me parecía una serie típica y tópica con una tía "cachondona" y unos frikis pringados que no hacían más que el canelo. Así que me olvidé completamente de la serie, pese a que gente a mi alrededor y distintos blogs se empeñaban en hablarme de ella. Y aguanté, vaya que si aguanté.No fue hasta casi terminada la segunda temporada cuando tras la insistencia general decidí descargar de nuevo la primera temporada y verla entera.
Y siguió siendo que no. Tenía sus puntos buenos, pero no terminaba de gustarme. No le pillaba la gracia, no sabía de qué iba, pero... quise ver la segunda temporada.
Y es en ese momento cuando se convierte en... "El show de Sheldon Cooper". Alguien debió pensar, ¿por qué no convertirlo en el rey de los frikis? ¿Por qué no convertirlo en el gran superfriki autosuficiente que no necesita a nada ni nadie alrededor? Y allí es cuando la serie se crece, girando en torno a Sheldon el resto de los personajes se vienen arriba, tomando cada uno de ellos su personalidad y girando en torno a la verdadera estrella de la serie: Sheldon. Los momentos con la pobrecica de Penny son magníficos, o las discusiones surrealistas con sus amigos sobre cómics, superhéroes o ciencia-ficción. Podríamos entre todos juntos lo más friki de cada uno de los amigos que tenemos en una sola persona... y se quedaría corto. ¡Qué grande es Sheldon Cooper!.
¿Quién es capaz de olvidar su aprendizaje del chino? O las reglas que impone a Leonard para ser su compañero. O lo buen enfermo que es. O su empeño en viajar en tren cuando es más rápido el avión. Y lo mejor es que siempre, siempre, acaba ganando.
Y como una imagen vale más que mil palabras, os dejo con el que es (para mí) el mejor momento de Sheldon. Capitulo 18 de la segunda temporada, acaba de beber muuuuucho café...
